El postureo

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El “postureo” tal y como se ve ahora en las redes, es sinónimo de aparentar, de querer hacer ver a los demás que tu vida es ideal. Se trata de mostrar al mundo lo mejor de ti, incluso mintiendo si la realidad en ese momento no es todo lo glamurosa que esperan tus seguidores. Para ello, se usan imágenes o vídeos que expresan poder, sensualidad, belleza, alegría, libertad y un nivel económico, generalmente, muy por encima del real.

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El querer aparentar se convierte así en una actitud mental, donde el objetivo se enfoca más en proyectar una imagen de alegría permanente que en experimentar la felicidad real. En mostrar bienestar, en vez de disfrutar de esa alegría puntual internamente. Lo que prima entonces, son la calidad y continuidad de tus publicaciones y mostrar tu “día a día” en tus stories, creando así una imagen de nosotros mismos, aquella que queremos proyectar a nuestros seguidores, a todos tus “amigos” o personas desconocidas.

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Importa y mucho, la cantidad de likes y “me gusta” que aparecen en tu publicación, mantienes el móvil cerca para abrir, con ansiedad, la aplicación cada minuto y ver cuánto ha aumentado tu popularidad. Llegados a este punto ya puedes decir que estás atrapado/a, eres un adicto a las redes con una tarea diaria: trabajar y esforzarte en tu imagen para que los demás disfruten viéndola.

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Un estudio de la Universidad de Pittsburgh de 2016 demostró que las personas que usaban habitualmente las redes sociales tenían el triple de riesgo de caer en depresión y vivir con síntomas de ansiedad. Las causas pueden ser el acoso cibernético, tener una visión distorsionada de la vida de otras personas y percibir el tiempo que pasa en las redes sociales como un desperdicio.

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Otra conclusión sacada del estudio es que la ansiedad y la depresión percibida es proporcional al número de redes sociales con las que se interactúa. La presión que supone estar pendiente de actualizar y controlar varios perfiles pasa factura con el tiempo.

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En psicología se ha visto que la búsqueda de esta valoración y aprobación exterior aporta una autoestima falsa al estar basada en la opinión de gente desconocida que da valor o menosprecia una imagen/vídeo desde la comodidad de su sofá.

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A las personas, en general, les gusta más ver situaciones positivas y personas agradables, ya que se tiende a pensar que la realidad ya es suficientemente negativa, por lo tanto, se justifica seguir a ciertos influencers como una merecida evasión de la realidad. Sin embargo, esto puede llegar a ser un problema realmente grave y producir mucho sufrimiento, si no se es consciente de la realidad y se toma al influencer como un referente a imitar (sintiendo como un fracaso la imposibilidad de alcanzar ese ideal).

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La frustración que sientes al encontrarte con menos likes de los esperados puede provocarte una gran desolación. Que alguien deje de seguirte puede arruinar tu día y hacerte sentir depreciado/a. Se magnifican las emociones hasta la obsesión.

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En la gente más joven es aún más grave, ya que esto puede llevar a conformar una personalidad basada en necesitar la aprobación de su entorno y cuando no lo tienen se ven serios desequilibrios emocionales que no siempre son tratados y puntualmente pueden llevar al afectado a un desenlace trágico, como ya se ha visto en casos publicados.

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Si hay un uso excesivo, o peligroso, de las redes sociales se puede considerar como una adicción a Internet, un trastorno que puede llegar a requerir un tratamiento profesional.

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Este trastorno está relacionado con problemas en las relaciones, personas que usan los medios para compensar menos interacciones personales. Se pueden sentir incluso peor cuando ese uso es pasivo, es decir, leen lo que publican los demás pero no interactúan.

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Unas pautas para conseguir disfrutar de las redes sin que lleguen a esclavizarte pueden ser las siguientes:

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• Sé consciente de que tu autoestima no debe depender de la aceptación o no, de tu actividad en las redes, no te creas ni cuando te dicen que estás maravilloso/a ni tampoco cuando te dicen que estás fatal.
• Tómatelo como un juego, jugar en las redes a ser tú y disfrutar de ello sin más puede resultar divertido.
• Modérate, controla el tiempo que inviertes en los demás, si publicas: publica menos. Si solo miras: mira menos.
• Busca una ocupación que te motive para el tiempo que vas a dejar de estar en las redes (se calcula que son dos horas diarias) si no haces otra cosa, es fácil que al cabo de unos días vuelvas a tus hábitos anteriores.

 

 

 

 

 

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